Cada vez se gasta más por los males del cigarrillo, mientras Philips Morris y Nobleza Picardo miran para otro lado.


El tabaquismo es la primera causa de muerte evitable en nuestro país, con 40 mil víctimas fatales al año, y causa un enorme perjuicio económico al sistema de salud, que aumenta todos los años. Para colmo, las tabacaleras sólo aportan en impuestos la mitad de ese gasto, que en 2008 ascendió a 10 mil millones de pesos. Las enfermedades derivadas del cigarrillo volvieron a ser un tema de debate nacional en los últimos días, con el trasplante a Sandro y el retiro de la cantante Marilina Ross. Pero el lobby de la industria es más fuerte: esta semana perdió estado parlamentario la ley antitabaco.

Por Pedro Ylarri

Tenga o no tenga el hábito de fumar, esta nota debería interesarle, porque una porción del dinero que usted paga en impuestos y a su cobertura de salud es utilizada por el Estado y por las obras sociales para intentar curar a los cientos de miles de personas que se enferman por su adicción al tabaco o por respirar el humo de cigarrillos fumados por otros. El costo económico de la llamada “epidemia” del consumo de tabaco crece todos los años y ya es récord, y es una consecuencia que se agrega a las cerca de 40 mil muertes derivadas de la mortal costumbre de fumar.

En parte con su dinero, se ha financiado en 2008 un récord de unos 10 mil millones de pesos para curar a quienes se enferman por el cigarrillo, lo que representa casi 16 por ciento de todos los gastos en salud que se hacen en nuestro país por año. La industria, mientras tanto, apenas se hace cargo de cerca de la mitad de estos gastos, con 5.500 millones de pesos pagados en concepto de impuestos ese año, según estimaron a PERFIL economistas, médicos y especialistas independientes y del Ministerio de Salud de la Nación.

El flagelo del tabaquismo, la principal causa de muerte evitable del país, y el crecimiento de los costos para tratar a los enfermos por el cigarrillo han motivado en las últimas semanas a decenas de ONG y entidades médicas a hacer un llamado casi desesperado para que el Congreso apruebe una ley que desaliente su consumo en el país. La norma, sin embargo, virtualmente perdió esta semana estado parlamentario al no ser tratada por la Comisión de Presupuesto de Diputados, que ya no se volverá a juntar en forma ordinaria hasta marzo.

“La Argentina ha quedado esta semana muy relegada en materia de controlar la epidemia del tabaquismo, el Congreso privilegió el lobby de la industria en vez de interesarse por la principal causa de muerte evitable de los argentinos”, advirtió a PERFIL Verónica Schoj, coordinadora de la Alianza Libre de Humo de la Argentina (Aliar), que reúne a decenas de entidades civiles sobre el tema. “Sólo escucharon a quienes pregonaron por los supuestos daños económicos que produciría reducir el consumo, como bares y restaurantes y economías regionales, daños que hemos comprobado que son mitos”, añadió.

Varios especialistas vienen denunciando además que los costos económicos del tabaquismo para el sistema de salud están aumentando año a año y consideran que Philip Morris y Nobleza Piccardo, que controlan el 98 por ciento del mercado local, deberían hacerse cargo de esos gastos. Es que en 2008 se habrían gastado unos 10 mil millones de pesos en atender a los enfermos por el cigarrillo, frente a los 5.200 millones que aportó la industria en impuestos internos al tabaco y al valor agregado y para el Fondo Nacional del Tabaco, según proyecciones de especialistas.

Estudios realizados por el cirujano José María Bruni, respaldados por el Ministerio de Salud de la Nación, sostienen que en todo 2004 se gastaron más de 4.500 millones de pesos en atención a las enfermedades derivadas del consumo de tabaco.

De ese monto, la mayor parte fue abonada por el Estado, financiada por la recaudación tributaria y por el sistema de seguridad social, que se sostiene con el aporte de trabajadores y sus empleadores. Sólo el 8 por ciento fue abonado por prepagas, mientras que el 30% fue gastado por los mismo pacientes cuando pagan estudios o intervenciones, o realizan copagos.

Bruni, en diálogo con PERFIL, explicó que el estudio de los costos “es un cálculo complejo que tiene en cuenta el gasto total en salud, los costos de atención de determinadas enfermedades, así como la prevalencia del consumo de tabaco, hábitos, edades y lugar geográfico”. Indicó que el sistema de salud en su conjunto, que integran los subsistemas estatal, privado y de seguridad social, “gasta el 16 por ciento en atender a los enfermos fumadores y fumadores pasivos, porcentaje que es posible afirma que se mantiene en el tiempo”.

Según la Asociación Civil de Actividades Médicas Integradas (ACAMI), el gasto total en salud, que incluye costos del sistema público, las obras sociales, prepagas y gasto de bolsillo de la población, creció considerablemente en el último lustro, por lo que también subió el gasto que causa el tabaquismo. En concreto, el gasto fue subiendo de 27.833 millones en 2003 a 31 mil millones (2004), 35 mil millones (2005), 42 mil millones (2006), 51.700 millones (2007) y 65 mil en 2008. De la misma manera, el costo económico del tabaquismo creció de 4.425 a 10.010 millones entre 2003 y 2008, un incremento superior al 100 por ciento.

Según Bruni, estos costos provienen de la atención de pacientes con cuatro patologías: cáncer de pulmón, enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), infarto agudo de miocardio y accidente cerebrovascular, que explican el 70 por ciento de las muertes relacionadas con el tabaco.

Desde el Ministerio de Salud, el coordinador del Programa Nacional de Control del Tabaco, Mario Virgolini, también manifestó a PERFIL su preocupación: “Claramente, que la gente fume es un mal negocio, ya que el gasto en salud para tratarla es altísimo”, dijo el licenciado, y se explicó diciendo que “si uno trabaja los siete días de la semana, uno estaría dedicado a cubrir estos costos… sin contar que 40 mil personas pierden la vida por eso en Argentina”.

Bruni, quien dedicó al gasto derivado del tabaquismo su tesis en un máster en sistema de salud, destacó que “durante mucho tiempo la estimación fue sólo un instrumento de debate, pero hoy tiene una implicancia legal y política; estos datos deben ser importantes para que el Gobierno los utilice como herramienta frente a la industria y para justificar sus propias políticas antitabaco”.

Los 10.010 millones de pesos anuales –o cerca de 250 pesos por persona– que se gastan en Argentina no son los únicos gastos, “son sólo los directos, también están los indirectos, como el gasto que produce una persona con EPOC que quedó discapacitada o los llamados ‘Años de Vida Saludables perdidos (AVISA)’”, explicó a PERFIL Virgolini, al asegurar que se pierden 850 mil AVISA a causa del consumo de tabaco.

La muerte prematura de las personas es otros de los costos producidos por el cigarrillo, y es materia de estudio por parte los economistas. Mariana Conte Grand, de la Universidad del CEMA, es una de las autoras de un estudio que estimó este gasto, llamado “costo de la productividad perdida”, y que explica cuánto ha dejado de ganar el país por la muerte de una persona antes de tiempo a causa del cigarrillo. Según explicó Conte Grand, “es el 0,14 por ciento del PBI, o en términos corrientes 700 millones de pesos en 2007”.

“Cuando una persona muere a los 40 años producto del cigarrillo, deja de generar ingresos desde ese momento hasta el año aproximado en que hubiera muerto si no hubiese fumado; es lo se suele llamar vida estadística y es un costo indirecto del tabaquismo”, explicó la economista a PERFIL.

Los mitos. Aun cuando los costos de la epidemia del tabaco son altísimos, diputados y asesores en el Congreso continúan argumentando “eventuales pérdidas económicas” para eludir aprobar una ley que desaliente el consumo de tabaco, advirtió Schoj desde Aliar, al denunciar que “el lobby de las tabacaleras ha impedido aprobar más de 40 leyes en los últimos 30 años” en nombre de estas supuestas pérdidas.

En efecto, la que terminó ayer fue la última semana en la que la Comisión de Presupuesto y Hacienda de Diputados sesionó en forma ordinaria, por lo que el texto deberá ingresar en 2010 y recorrer nuevamente todas las comisiones en las que ya tenía despacho. “Si se aprobara esta ley en términos de impacto en la mortalidad, podríamos salvar entre 10 mil y 15 mil vidas por año”, declaraba Aliar hace una semana, en un llamado desesperado que los diputados decidieron no escuchar.

El proyecto proponía instaurar ambientes laborales libres de humo, prohibir publicidades y patrocinios por parte de las tabacaleras y la impresión de advertencias en los paquetes de cigarrillos con imágenes de las consecuencias del consumo. El Congreso también mantiene parada la ratificación del convenio marco de la OMS para el Control del Tabaco, una tarea que ya hicieron “más de 150 países del mundo, entre ellos Brasil, segundo productor de tabaco del mundo”, dijo Schoj.

Además del rechazo de las tabacaleras, las normas son resistidas por cámaras de hoteleros, gastronómicos y productores rurales, quienes aducen pérdidas económicas. Desde el Senado, el legislador jujeño Gerardo Morales, titular de la UCR, destacó que en su provincia como en otras “hay miles de trabajadores y de familias que viven de la producción tabacalera”, pero se manifestó de acuerdo con que la industria pague más impuestos siempre que se incrementen los envíos para el Fondo Especial del Tabaco, que intenta ayudar a los pequeños productores.

Desde el Ministerio de Salud, Virgolini se lamentó de que “evidentemente hay presiones de un sector económico” para que no se aprueben las leyes antitabaco, pero dice que con 40 mil argentinos muriendo cada año, en algún momento la Argentina y sus legisladores van a tener que ocuparse de la primera causa de muerte evitable, es la sociedad la que les está reclamando”.

No me gustaba fumar, pero era el remedio que encontré a mi voz finita. Esta relación entre el cigarrillo y yo empezó a los 20 años y desde entonces llegué a fumar 50 cigarrillos diarios, en 2002. Sí, la voz se me hizo más grave, pero mis problemas con la salud también. Llegué al punto de sufrir un infarto, situación límite que me llevó a dejar de fumar. Antes de este “stop obligatorio” había probado de todo y nada me ayudaba. Me ponía de mal humor y lloraba. Era como un alien que sólo se aplacaba con un cigarrillo.

Puros mitos

Verónica Schoj es coordinadora de la Aliar, la alianza de organizaciones civiles que busca combatir el consumo de tabaco, un flagelo que mata a 40 mil personas por año en nuestro país. Según ella, al menos diez mil personas podrían salvarse cada año de aprobarse una ley para desalentar el consumo, norma que el Congreso se niega a aprobar.

—¿Por qué no se aprobó todavía la ley antitabaco?

—Por el lobby de las tabacaleras en el Congreso y por y a través de las cámaras de gastronómicos y los productores; los supuestos efectos económicos adversos aparecen como obstáculos, pero en realidad son mitos, no está comprobado nada, más bien lo contrario.

—¿No afectará a los pequeños productores de tabaco?

—No, porque 85 por ciento de la producción se exporta y porque la gente no dejará de fumar de un día para el otro, habrá tiempo para adaptarse.

—¿Afectará a los bares y restaurantes?

—Tampoco, presentamos un informe que reúne 92 estudios sobre el tema y que dicen que los límites al consumo de tabaco no perjudican al sector.

—¿Tiene esperanza de que algún día se aprobará?

—El lobby de la industria (controlada por Philip Morris y Nobleza Piccardo) logró trabar más de cuarenta proyectos en treinta años. Las legislaciones nuevas de la Provincia y Ciudad responden a intereses de la industria. El Congreso es responsable de privilegiar el lobby.

—¿Se puede considerar el tabaquismo como una epidemia?

—Es una pandemia por la cantidad de afectados y la extensión geográfica… es como una enfermedad y su vector es la publicidad de la industria.

Sé lo que vive Sandro –Por Marilina Ross
Este “remedio” para mi voz que alguna vez consideré como tal me dejó un enfisema pulmonar y respiro con la mitad de cada uno de los pulmones. Después del infarto y mi rehabilitación durante 15 días, no podía ver un cigarrillo. Este hábito, que fui perdiendo de a poco, mientras atinaba a buscar el atado, lo reemplacé por grisines y los tenía en mi mano como si fueran un cigarrillo. En este proceso, también me ayudaron unas pastillas antidepresivas que me recetó el médico. Lo que yo recomiendo a los fumadores es tener cerca un vaso de agua. Cada vez que una persona que está tratando de dejar siente la pulsión, el deseo de fumar, que tome dos sorbos de agua y que lo repita cuantas veces le sea necesario. Sé lo que cuesta dejar de fumar y sé lo que le está costando a Sandro, lo que está viviendo. Lo mejor y lo más útil es utilizar la popularidad para dar mensajes de que el cigarrillo perjudica la salud. No necesariamente uno tiene que llegar a situaciones límite. Me costó dejar de fumar, pero no lo extraño. Aún hoy no entiendo cómo no podía dejarlo. Era mi lado oscuro.

Ficha del artículo:

Título original: $10 mil millones por año, el 16% del gasto en salud. Cada vez se gasta más en los males del cigarrillo
Fecha de publicación: 29 de noviembre de 2009
Medio: Diario Perfil, Buenos Aires, Argentina
Link: http://www.diarioperfil.com.ar/edimp/0422/articulo.php?art=18462&ed=0422

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Autor Pedro Ylarri

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Periodista argentino especializado en economía, negocios y medios. Emprendedor digital. Con experiencia en la Agencia DyN, el diario Perfil y El Cronista Comercial (Argentina), Corresponsal de El Economista (España) y Euromonitor (Inglaterra).

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